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YA ESTÁ AQUÍ LA IMPRESIÓN 3D EN LOS PROCESOS DE PRODUCCIÓN






YA ESTÁ AQUÍ LA IMPRESIÓN 3D EN LOS PROCESOS DE PRODUCCIÓN

Como una tecnología relativamente nueva que no ha sido plenamente integrada aún en la cadena de suministro de manufacturas, la impresión 3D representa una oportunidad para hacer las cosas de manera diferente. La revolución industrial hizo del tener grandes columnas de humo, suministros de agua envenenados, islas de basura y prácticas laborales inseguras la regla. Sin embargo, la manufactura avanzada, incluida la impresión 3D, podría traer consigo prácticas de empleo ético y el uso de materiales ecológicos.

Si la impresión 3D quiere contribuir a la urgente y necesaria revolución eco-industrial del siglo XXI, tenemos que hacer un balance de las trampas y beneficios de esta tecnología en lo que respecta a la producción sustentable. ¿Cómo puede ayudar la impresión en 3D en los esfuerzos por fabricar productos de manera que reduzcan el impacto negativo sobre el medioambiente? ¿Qué obstáculos enfrenta para llevar a cabo dicho cambio positivo?

Fabricación aditiva vs fabricación sustractiva

La naturaleza aditiva de la impresión en 3D significa que el construir las piezas capa por capa genera una menor pérdida de material que otras formas de fabricación sustractiva, tales como la trituración CNC. Mientras que una máquina CNC puede cortar una parte de un bloque de acero macizo, los procesos aditivos sólo desperdician el material que no puede ser reciclado para su posterior uso.

Por otra parte, la impresión 3D permite la creación de diseños geométricamente complejos que con las técnicas tradicionales de antes no eran posibles. Las compañías de aviación General Electric y Safran Aircraft Engines demostraron esto a través de su empresa conjunta, CFM International, que imprimió en 3D el inyector de combustible del muy publicitado motor a reacción LEAP. CFM fue capaz de reducir el número de piezas que se necesitaban para fabricar el inyector ¡de 18 a sólo una! El diseño resultante marcó un nuevo nivel de eficiencia para motores de aviones, reduciendo el consumo de combustible y emisiones de CO2 en un 15%.

Cuando se le preguntó si la impresión 3D es más ecológica en comparación con los procesos de fabricación tradicionales, Terry Wohlers, analista líder en la industria respondió: "La respuesta corta y simple es tal vez. Algunas formas de la tecnología de fabricación aditiva pueden producir desperdicios considerables, como el material de soporte usado en el proceso y el polvo del sinterizado por láser, que no se puede volver a utilizar. Un porcentaje mucho mayor de polvo de metal (producto de la fabricación tradicional) se puede reutilizar, por lo que es más respetuoso con el medio ambiente. Pero al considerar el diseño de estructuras ligeras, especialmente para aviones y automóviles, el beneficio ambiental de la impresión 3D es mayor por los ahorros en combustible y materiales".

Este punto fue demostrado en 2014 cuando el fabricante de impresoras 3D EOS realizó un estudio en colaboración con Airbus comparando los beneficios ambientales del sinterizado por láser con los de la fundición de precisión. Para comparar las dos tecnologías, un soporte de titanio aeroespacial genérico fue producido tanto por una impresora en 3D como por fundición tradicional. Después, el soporte fue rediseñado para aprovechar la ventaja de la complejidad geométrica que ofrece la impresión en 3D.

Se analizó el ciclo de vida de los soportes tomando en cuenta diferentes factores, como el consumo de energía y las emisiones de CO2 del proceso de producir el soporte y la energía utilizada y el CO2 emitido por los aviones que usaron los soportes. Al final, se determinó que la optimización del diseño del soporte a través de la impresión 3D resultó en una reducción del 40% en emisiones de CO2 y se redujo el peso del avión en 10 kilogramos.

El desperdicio de material también se redujo un 25% con la impresión 3D. El estudio sugiere que, mientras que la cantidad de energía consumida es similar en ambos procesos, la fundición produce mucho más CO2 debido al hecho de que quema un molde de cerámica en un horno de alta temperatura.

"La industria manufacturera ha sido históricamente sustractiva, generando cantidades significativas de desechos y residuos, así que todavía hay que trabajar en hacer la producción aditiva más popular. Aunque el sinterizado por láser requiere una enorme cantidad de energía, con cada nuevo sistema estamos siendo más eficientes en todo el proceso de producción aditiva", dijo un representante de EOS

La impresión en 3D sólo produce ligeramente menos emisiones indirectas de CO2 debido al menor uso de energía. Esto, sin embargo, es un problema asociado con la red de energía global y no con la eficiencia de la tecnología. De acuerdo con los Administración de Información de Energía de los Estados Unidos, en 2012, el 40% de la electricidad mundial se generó a partir del carbón, el 22% del gas natural y el 22% de fuentes de energía renovables. Como ha sido bien documentado, el carbón y el gas natural son grandes productores de gases de efecto invernadero (GEI) a nivel mundial. Y cualquier nación que se base en estas fuentes para alimentar su red eléctrica contribuirá en gran medida al cambio climático. Por lo tanto, cualquier equipo de fabricación, aditivo o sustractivo, probablemente dependa de los combustibles fósiles para obtener energía.

Distribución de la manufactura

De acuerdo con un estudio de la Unión Europea de 2015, los envíos aéreos y marítimos son responsables del 3-4% de las emisiones de gases de efecto invernadero. Aunque esto parezca sólo una pequeña porción del total, si no se controla este sector podría ser responsable de un 17% de las emisiones de GEI para el año 2050.

Por otra parte, cuando se toma en cuenta otras formas de transporte de carga, el número aumenta. Un informe de 2007 publicado por la Air and Waste Management Association señala que el transporte de carga, incluyendo camiones de carga pesada, transporte ferroviario y transportación marítima, es responsables de más del 25% de las emisiones de CO2 en los Estados Unidos y el 30% en Europa. Estas cifras no incluyen otros subproductos tóxicos de la industria mundial del transporte marítimo, como los combustibles de alto azufre que acidifican los océanos y son utilizados por los buques.


Las impresiones en 3D, sin embargo, posibilitan el modelo de manufactura distribuida. Nuestro modelo de fabricación actual consiste en una cadena de suministro fragmentada, compuesta de instalaciones de fabricación centralizada. Si la impresión 3D se convierte en un medio viable para la producción de la mayoría de las partes finales, podría ser posible imprimirlas en 3D a nivel local y según la demanda.

En la actualidad, pocas empresas se están centrando en este modelo, dejando a 3D Hubs como los líderes. Un hub puede albergar más de 25,000 impresoras 3D, incluyendo un número creciente de proveedores de servicios industriales, por lo que es posible que gente de los cinco continentes solicite impresiones en 3D directamente a propietarios de impresoras 3D locales.

A su vez, la distancia del envío se reduce: en vez de transitar océanos y los países, recorre a condados y estados. Esto reduce la huella de carbono de la industria del transporte y ofrece a los clientes la oportunidad de conocer a los fabricantes locales y aprender sobre el proceso de impresión 3D.

Bram de Zwart, cofundador y CEO de 3D Hubs, explica cómo la compañía permite la implementación de un proceso de manufactura distribuida: “Las máquinas de manufactura digital se están convirtiendo en las fábricas del futuro. Permiten que los productos de consumo se fabriquen según la demanda y mucho más cerca de su punto de venta, eliminando los desperdicios de la sobreproducción y el transporte. 3D Hubs está acelerando este futuro a través de darle a todos acceso local directo a impresoras 3D”.

Por el momento, 3D Hubs cuenta con diferentes tecnologías, como impresoras 3D de plástico industrial y de metal, así como máquinas de escritorio más asequibles. Sin embargo, a medida de que el Internet de las Cosas (IdC) industrial comienza a tomar forma y las tecnologías de manufactura bajan en costo y aumentan en la accesibilidad, es posible imaginar incluso más sistemas de fabricación conectados en una red de este tipo.

Por ejemplo, los productores de un sistema de chorro de agua están buscando fondos para desarrollar sus productos, y existen numerosos sistemas de corte por láser y trituración CNC de bajo costo que podrían revolucionar la manufactura accesible. Una vez que todas estas máquinas estén conectadas en red a través de un sitio 3D Hubs, un número aún mayor de productos podría ser hecho a través de modelos de manufactura distribuida.

Producción de ciclo cerrado

Al día de hoy, los seres humanos producen alrededor de 1.1 trillones de kilos de basura al año, según un estudio realizado por el Banco Mundial. Alrededor del 46% de los residuos son producidos por los países de altos ingresos, como Estados Unidos e Inglaterra, y aproximadamente el 59% de los residuos terminan en vertederos. El informe también señaló que los residuos post-consumidor son responsables de aproximadamente el 5% de las emisiones globales de GEI, lo que significa que, además de liberar toxinas en nuestro suelo y agua potable, esta basura está contaminando nuestro aire.

Aunque los consumidores pueden ser considerados como parcialmente responsables de la generación de residuos, las agencias gubernamentales y los fabricantes también tienen responsabilidad, ya que los productores siguen fabricando productos que no son reciclables o biodegradables y los gobiernos consiguen incentivarlos para ello.

Además, algunos programas públicos de reciclaje pueden no manejar adecuadamente los residuos que les proporcionan los consumidores. Por ejemplo, Estados Unidos sólo utiliza siete códigos diferentes para clasificar los plásticos, agrupando varios tipos dentro de los mismos grupos, mientras que China tiene 140 códigos, proporcionando una amplia categorización de varios polímeros.

Esto es aún más problemático cuando se trata de plástico para impresión 3D. Mientras que los dos primeros códigos de plásticos para el reciclaje en los Estados Unidos abarcan productos de consumo comunes, como botellas de agua y galones de leche, los plásticos más comunes utilizados en la impresión 3D a través de la fabricación de filamentos fusionados (FFF) se clasifican como "otros". Este grupo incluye el ácido poliláctico biodegradable (PLA) y el estireno acrilonitrilo butadieno (ABS), el plástico que a menudo se usa para fabrircar tableros de automóviles y bloques de LEGO.

Por esta razón, el grupo de Tecnología Abierta de Sustentabilidad del profesor Joshua Pearce en la Universidad Tecnológica de Michigan propuso un sistema de clasificación más extenso que permite a los usuarios de impresoras 3D integrar sus propios códigos de reciclaje en piezas impresas en 3D. Las piezas hechas de ABS, por ejemplo, pueden tener un logo para que puedan ser recicladas y reutilizados para la fabricación de otros productos hechos de ABS.

Este será un componente clave para crear un ecosistema de manufactura distribuida, a medida que los propietarios de impresoras 3D sean capaces de reciclar los productos impresos sobre la base de estos códigos. Para que esto sea posible, el grupo de Pearce también desarrolló el RecycleBot, un dispositivo capaz de convertir los residuos de plástico en filamentos utilizables en impresión 3D.

La investigación continúa sobre el RecycleBot para disminuir el costo de construir la máquina y ampliar la gama de materiales que puede utilizar, tales como tereftalato de polietileno (PET), que Pearce dice que es el “plástico más desperdiciado”. El grupo de Tecnología Abierta de Sustentabilidad también lanzará una nueva serie de productos electrónicos RecycleBot este semestre, disponibles en versión AC para personas con un sistema eléctrico de corriente continua y en versión DC, que puede ser alimentado por energía solar, complementando su impresora RepRap 3D, que ya funciona con energía solar.

Pearce lleva el modelo de manufactura distribuida implementada por 3D Hubs un paso más allá, imaginando a los consumidores como usuarios avanzados que imprimen sus propios productos 3D y también reciclan los sobrantes ellos mismos. “Al combinar el RecycleBot con la impresión 3D, la gente puede convertir su basura en recursos valiosos. Hemos demostrado previamente en un análisis de ciclo de vida que este reciclaje distribuido es mejor para el medio ambiente incluso que el reciclaje convencional”, dijo.

Pearce añadió: “Nos veo moviéndonos más hacia una forma de manufactura verdaderamente distribuida, donde los individuos fabrican productos personalizados por sí mismos a través de tecnologías digitales con código de fuente abierto. La economía está claramente a favor de dicha transición. El número de diseños hardware gratis de código abierto sigue en ascenso, y las impresoras 3D de código abierto son cada vez más sofisticadas y fáciles de usar”.

Obstáculos para la manufactura distribuida

Para que un modelo de este tipo surja, es necesario cultivar una comunidad de diseño de código abierto próspera y un almacén de diseños 3D imprimibles muy estable y de alta calidad, señala Pearce. Actualmente, los modelos 3D imprimibles no tienen una ubicación centralizada, lo que hace más difícil que se cree una verdadera comunidad en torno a diseños de calidad e innovadores.

La tecnología de impresión 3D de código abierto de bajo costo tiene que mejorar también. Mientras que empresas como Aleph Objects han introducido características importantes como la nivelación y calibración automáticas en impresoras 3D de código abierto, Pearce sostiene que “todavía tenemos que ir mucho más allá, particularmente con respecto a los multimateriales, materiales compuestos y materiales avanzados, como los metales”.

En ese sentido, el grupo de Pearce también desarrolló una impresora 3D de metal susceptible de ser construida por menos de $2,000 dólares. La máquina utiliza un soldador de arco de metal para calentar los carretes de metal sobre un sustrato de aluminio. En un sistema de manufactura de circuito cerrado, el metal podría venir de latas de aluminio recicladas.

Sin embargo, antes de que los consumidores puedan llegar a ser usuarios avanzados, Pearce cree que un cambio cultural necesita ocurrir. “Muchas personas no tienen idea de cómo se hacen las cosas, cómo funcionan o cómo cuidar de ellas. Se les ha lavado el cerebro para que tiren lo viejo en un vertedero y compren algo nuevo de compañías con prácticas laborales cuestionables. Además de ser un desperdicio, éticamente débil y horrible para el medio ambiente, esto es patético. Comprar algo te vuelve un consumidor, y esa palabra, justificadamente, solía ser un insulto”, dijo.

Y añadió: “Como comunidad mundial, tenemos que fomentar más la curiosidad, la creatividad, el intercambio y el sentido de la exploración para que podamos volver a fabricar los productos que nos rodean. Sólo que esta vez, en lugar de hacer todo con las herramientas industriales simples, podemos utilizar tecnologías como la impresión 3D. Esto nos permitirá vivir una vida rica y completa, al tiempo que minimizamos el impacto sobre el medio ambiente”.

Comercio justo

A medida que la impresión 3D se hace más popular, Pearce sugiere que no sólo se requerirán nuevos códigos de reciclaje, sino una “norma de producto ético” en el que los recicladores de materiales proporcionen residuos de filamentos para impresoras 3D a los demás. “Al igual que en las soluciones propuestas para otras formas de fabricación ética, es posible considerar una forma de distribución de residuos de impresora 3D ética. Hay una oportunidad de mercado para la producción de este filamento, y podríamos desarrollar una norma de producto ético basada en una combinación de estándares de comercio justo existentes, un análisis técnico, el ciclo de vida de la producción de filamentos reciclados y la manufactura con impresoras 3D”, señala.

Algunas organizaciones y empresas ya se han reunido en torno a un concepto similar. Protoprint en India, por ejemplo, ha entrenado a recicladores locales para convertir las botellas de plástico en polietileno de alta densidad (HDPE) que puede ser usado como filamento para impresoras 3D. Tradicionalmente, los individuos que buscan en la basura materiales reciclables los llevan a un centro de reciclaje por menos de $2 dólares al día. Protoprint, sin embargo, está entrenando a los recicladores para operar la maquinaria necesaria para reciclar el material ellos mismos.

Una vez entrenados, los que operan los centros de producción de filamentos pueden vender el material de impresión en 3D ellos mismos, mientras Protoprint entrena otro grupo. Este modelo da a los recicladores habilidades comerciales, así como su propio negocio de filamentos. Protoprint todavía está experimentando problemas con la calidad del material de impresión en 3D actualmente, encontrando una deformación significativa del HDPE cuando se imprime, pero la empresa está trabajando para solucionarlo.

El CEO de Protoprint, Sidhant Pai, explicó: “Hemos logrado un gran progreso desde el lanzamiento de nuestra planta piloto de producción de filamentos en 2014, pero todavía debemos resolver por completo el problema de la deformación. Hemos recibido una subvención para financiar una investigación con los Laboratorios Químicos Nacionales en los próximos dos años con el objetivo de desarrollar un aditivo para evitar la deformación y mejorar la calidad de filamento”.

Filamento amigable con el medio ambiente

Aunque es posible que los dueños de impresoras 3D FFF hagan su propia materia prima con el RecycleBot o con alternativas disponibles en el mercado, como el Filabot, la tecnología puede no estar lista para usuarios más novatos. Por otra parte, algunos propietarios de impresoras 3D pueden simplemente carecer del tiempo para obtener su propio filamento.

Afortunadamente, hay una serie de empresas que hacen el trabajo por nosotros. Refil, Innofil3D, 3DomFuel manufacturan filamentos a partir de productos de desecho, como ABS de tableros de automóviles reciclados, PET de botellas de bebidas y poliestireno de alto impacto (HIPS) de refrigeradores viejos. Una compañía llamada TerraCycle, en colaboración con 3D Brooklyn, incluso ha hecho filamentos de las bolsas de papas fritas recicladas y tiene una serie de otros proyectos de impresión 3D en camino.

3DomFuel ha producido una serie de materias primas que realmente denotan un esfuerzo por reutilizar los residuos. Además de PLA biodegradable hecho usando el plástico NatureWorks, de maíz y a base de almidón, la empresa fabrica filamentos compuestos por restos de café molido, subproductos del proceso de producción de cerveza y cáñamo.

El director de marketing de 3DomFuel John Schneider habló sobre los beneficios del uso de materiales ecológicos en el desarrollo de filamentos 3D: “Usamos resinas de impresión 3D de NatureWorks Ingeo genuinas como el ingrediente básico para muchos de nuestros materiales. Una de las ventajas de esto es que nos permite tener una mejor idea del impacto ambiental [a través de un Análisis de Ciclo de Vida]”.

“Otra forma en que somos sustentables es usando eco-residuos en muchos de nuestros filamentos. Ya sean residuos de café, cerveza o cáñamo, somos capaces de incorporarlas en filamentos de impresión 3D para darles nueva vida. Hay muy pocos materiales que producimos que no vengan de residuos orgánicos. Nuestro filamento Biome3D, por ejemplo, tiene muchos atributos del ABS, pero es 100% orgánico. Nuestros carretes se hacen de HIPS reciclado. A pesar de que es un material a base de petróleo, el HIPS es un plástico muy reciclable”, dijo.

Mateo Stegall, CEO de 3DomFuel, explicó que gran parte del objetivo de la compañía es reducir el impacto que el plástico de impresión 3D podría tener en los basureros del mundo. Aunque el PLA puede ser biodegradable, Stegall señaló que, en un vertedero tradicional, el proceso de biodegradación todavía toma décadas. Sin embargo, cuando se desecha en un sistema de residuos industriales, toma de tres a seis meses.

Combinando el PLA con materiales de desecho naturales, tales como café molido o cáñamo, la compañía no sólo reutiliza subproductos que de otro modo serían desechados, sino que aumenta la biodegradabilidad del plástico que se utiliza en la industria de la impresión 3D.

Plásticos y metales resoplados

Este tipo de materiales pueden ser mejores para la tierra, el aire y el agua, pero algunos serían potencialmente peligrosos para los usuarios de impresoras 3D. Ya se han llevado a cabo varios estudios que demuestran que las impresoras 3D de escritorio producen partículas ultrafinas (PUF) y compuestos orgánicos volátiles que, al ser inhalados, pueden causar irritación de los pulmones o, en el peor de los casos, enfermedades cardíacas y pulmonares.

El plástico ABS ha demostrado ser el más tóxico en estos casos, ya que produce PUFs 345 veces mayores que las que existen en un entorno de línea de base y emite subproductos a través de los procesos de desgasificación, tales como etilbenceno, isovaleraldehído y acetaldehído, los cuales tienen una serie de efectos negativos para la salud cuando se inhalan. El PLA es mucho más seguro en términos de los efectos tóxicos de los materiales, pero la inhalación de las PUF todavía puede causar irritación.

Por esta razón, los fabricantes de impresoras 3D de escritorio podrían querer tomar precauciones de seguridad añadiendo filtros en sus máquinas. Esto es particularmente importante, ya que las impresoras 3D de escritorio a menudo tienen como destino las aulas de clases, por su facilidad de uso y bajo costo.

Es importante tener en cuenta que los sistemas industriales también pueden ser peligrosos, teniendo en cuenta los polvos metálicos finos y entornos inflamables implicados en la impresión 3D de metales. Es probable que la mayoría de las instalaciones donde operan estas máquinas tomen las precauciones necesarias, como la exigencia de que los operadores usen respiradores y guantes.

Cambiando mentes y materiales

Muchos de los desarrollos ecológicos mencionados seguirán desarrollándose, sin embargo, las prácticas insostenibles de la actualidad ya implementadas en el sistema económico mundial también continuarán desarrollándose. Por ejemplo, una serie de grandes empresas petroquímicas se han incorporado recientemente a la industria de la impresión 3D con sus propios materiales termoplásticos.

Entre ellas, se encuentran gigantes químicos como DuPont, que se ha asociado con taulman3D para fabricar filamento T-Lyne, y Covestro, una filial de Bayer, que está produciendo policarbonato con Polymaker. Además de estar involucradas en numerosas controversias ambientales (negar el cambio climático, el vertido de residuos tóxicos en los cuerpos de agua y la contaminación del aire, por ejemplo), los materiales que están produciendo se hacen de los mismos plásticos que se derivan del petróleo, resultando en un montón de desechos plásticos.

Para entender lo que se requerirá para dar el salto de una economía basada en el plástico a una más sustentable, Terry Wohlers explica: “La motivación será, en gran parte, financiera. En otras palabras, si los materiales más sustentables bajan los costos de producción, los clientes los querrán y los proveedores satisfarán esa demanda. Si estos materiales son más caros y su rendimiento es inferior, tendrán que luchar para ganar ventaja”.

Otra posibilidad es que el cambio pudiera venir de abajo hacia arriba. Si bien la economía es a menudo el factor decisivo para las grandes corporaciones, éstas pueden ser cada vez más susceptibles a la presión y percepción pública.

Un ejemplo relevante es una campaña lanzada por Greenpeace contra Kimberly-Clark, el fabricante de Kleenex, Kotex y otros productos de consumo basados en papel. Después de que la organización ecologista pasó cinco años haciendo campaña contra la multinacional por su destrucción de bosques antiguos para crear productos de úsese y tírese, Kimberly-Clark finalmente sucumbió a la presión. La empresa pasó de usar 54% a 84% de fibras recicladas en sus productos.

No sólo Kimberly-Clark admite que los esfuerzos de Greenpeace jugaron un papel importante en este movimiento, sino que la empresa sigue colaborando con Greenpeace hasta el día de hoy. Por otra parte, Greenpeace afirma que otros fabricantes similares siguieron el camino, como Procter & Gamble.

Más recientemente, los esfuerzos de Greenpeace para evitar que Shell extrajera petróleo en el Ártico han dado frutos. El grupo activista creó conciencia pública en torno a los posibles efectos de los derrames de petróleo y el cambio climático asociados con la perforación ártica y también formó barricadas con kayaks para evitar que la torre de perforación de petróleo de Shell saliera del puerto de Seattle. Después de haber invertido más de $7 mil millones de dólares en encontrar reservas de petróleo en el Ártico de Alaska, el gigante petrolero decidió cancelar el proyecto de perforación.

En una época en la que la información es cada vez más accesible al público a través de Internet, las inversiones perdidas podrían evitarse si las corporaciones dirigen sus operaciones con el interés público en mente. Cuando no lo hacen, puede haber más protestas y, en última instancia, un menor número de beneficios, pues los consumidores con conciencia ecológica evitarán comprar productos dañinos y preferirán aquellos que son mejores para el medio ambiente.

El futuro de la sostenibilidad y la impresión en 3D

Si bien es imposible determinar el futuro de la actividad humana, a través de la voluntad colectiva puede ser posible navegar hacia un futuro más sustentable ayudándonos de la impresión en 3D y otras tecnologías.

Divergent 3D ha comenzado a utilizar la impresión 3D para reformar la industria de fabricación de automóviles con el fin de disminuir la huella de carbono de una de las industrias más grandes del mundo. El CEO de la compañía, Kevin Czinger, argumentó que las emisiones de gases de efecto invernadero producidas por la fabricación de automóviles son mucho mayores que las que genera el tubo de escape del tubo de escape de los coches. De hecho, el proceso de producción de motores eléctricos para vehículos genera emisiones significativas de GEI.

En lugar de usar las masivas instalaciones metálicas para producir un chasis de coche, Divergent 3D crea carrocerías de automóviles que utilizan una serie de nodos de metal impresos en 3D que conectan varillas de fibra de carbono, lo que resulta en una estructura más ligera y que consume menos energías. Independientemente de si dichos vehículos se basan en sistemas de transmisión de gas o eléctricos, en última instancia son más ligeros, y el proceso de su fabricación es mucho menos tóxico para el medio ambiente.

Divergent 3D está en el proceso de investigación y ampliación de su tecnología con el Grupo PSA, dueños de Peugeot, Citroën y Automóviles DS. Czinger señala que está por verse si el nuevo paradigma de manufactura de Divergent 3D se afianzará o tendrá el impacto ambiental esperado.

Sin embargo, lo que la compañía sí demuestra es el tipo de pensamiento fuera de la caja que será necesario si queremos mantener una existencia cómoda en este planeta. Dado que la impresión 3D es una tecnología relativamente nueva, con nuevas implicaciones para la forma en que se fabrican los productos, hay nuevas oportunidades para el material de origen, la entrega y el diseño. Con materiales sustentables de producción, la producción local y según la demanda, geometrías eficientes y modelos de negocio totalmente únicos, la tercera revolución industrial provocada por la impresión 3D podría ser la primera revolución verde también.





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